La huerta es espacio propicio para fomentar valores, implementar estrategias metodológicas que empleen ambientes innovadores de aprendizaje, promueve procesos de investigación, adquisición de nuevos conocimientos y refuerza las diferentes áreas del conocimiento, practica la cooperación, genera un ambiente de integración entre comunidad educativa y familia impulsando el interés por realizar labores agro ecológicas que ayuden a preservar el desarrollo sostenible, conservar los recursos naturales que nos ofrece el medio ambiente buscando utilizar insumos naturales que no deterioren ni afecten la calidad de vida la comunidad Schilenkha.

Al trabajar con la huerta escolar los niños y niñas desarrollan habilidades para conocer el origen de los alimentos vegetales con sus características, propiedades nutricionales que tienen para nuestra salud cuando se cultivan de forma ecológica y respetuosa para el medio ambiente.

Actualmente, el término huerta escolar es implementado gracias a las innovaciones que se han querido establecer en el marco de los contextos educativos, teniendo en cuenta las diferentes áreas de estudios implementando con ella modelos de enseñanza aprendizaje donde se aplica la figura aprender – haciendo.

Al llegar a este punto se puede decir que la interdisciplinariedad es un proceso que integra la articulación de los conocimientos, es una forma de aprender, un camino para acercarnos a la resolución de problemas; pretendiendo así mostrar a la comunidad estudiantil  una forma de trabajar con los problemas, dificultades y dilemas que surgen de la práctica escolar, profundizar en su comprensión a la luz de los conocimientos teóricos y buscar soluciones que contribuyan a la intervención en ellos; intentando así, ser un elemento dinamizador y estimulador que propicie el desarrollo de actitudes profesionales relacionadas con la mejora de la práctica de la etapa de educación primaria y el compromiso de mejora del mismo.

La huerta escolar permite construir un ambiente participativo donde interactúen los padres de familia, maestros en formación, profesores y la comunidad en general para construir una escuela viva, abierta a la diversidad de culturas y de los valores del medio; para ello, el colectivo docente que le atienda necesita disponer de herramientas, habilidades, pero también de actitudes, valores, conceptos elaborados etc.